6 may. 2016

Bruce Lee y el Señor González..


El señor González hoy se levanta todavía más temprano. Es que su pelo necesita gran cuidado y le toca lavarlo.

Enciende la radio, pone la pava para el mate y entra en la ducha el tiempo justito para que no se le pase el agua.

Bruce Lee, su perrito chino, sigue todo el proceso.

Mientras lo despierta su primer mate, le da un poco de alimento al pequeño Lee que repiquetea sus patitas de la alegría.

Y comienza la rutina del pelo. 

Lo lava con un champú especial masajeando muy suavemente. Después de enjuagarlo, un poco de acondicionador.. solo un poco. Mucho le sacaría brillo, le parece.

Está claro que el señor González no cree en los clichés de cada edad.  Hace muchos años ya que lleva ese frondoso flequillo. 

Demasiado, diría algún prejuicioso.  
Algún otro repararía probablemente en su mimetismo con Bruce Lee.

Parecieran tener el mismo peluquero. 


Pero para el señor González esas serían cosas de analizados tratando de justificar sus visitas al terapeuta buscando traumas en gente normal.

Para secarlo usa una toalla pequeña presionando homogéneamente.

Prefiere los secadores chiquititos porque tienen poca potencia.  Demasiado calor reseca el cabello y claro, está el tema del brillo que tanto le preocupa.

Lentamente va acomodando el flequillo un poco hacia los lados.  Hace años leyó en una revista que para su nariz, la raya al medio sienta mejor.
Sus compañeros de oficina se lo comentaban cada tanto.  Pero desde que se jubiló, bueno, ya no habla de peinados con nadie.

Ya está como le gusta.

Vuelve entonces a la cocina para seguir con el mate mientras escucha las noticias y unos tangos.

Se viste y le dice a Bruce Lee que ya salen a pasear.

En seguida apaga la radio y vuelve a su cuarto.

De la cómoda toma su frondosa cabellera y la coloca lentamente sobre su cabeza, sonriendo.

Nunca tuvo tanto cabello como en los últimos años y es muy feliz.


Y en esa hermosa mañana de primavera salen a pasear juntos y felices sus tupidas melenas.



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