7 may. 2016

Primeros recuerdos de una lejana Berlin..



El primer recuerdo que tengo de Berlín como palabra, es como muchos chicos argentinos, jugando a la escondida…

‘El último se va a Berlín!’

Berlín sonaba entonces como un lugar muy muy lejos. Quizás en alguna montaña de algún país de algún reino con una lengua muy extraña…Como cuando en un cuento de hadas se refieren a ‘un lugar muy pero muy lejano...’

El segundo recuerdo es por una película. Y en casa las películas se miraban, se analizaban, se digerían.

Era chiquita, todavía en la escuela primaria y una de esas películas de sábado a la tarde mostraba como unas personas trataban de escapar de una ciudad.  Habían hecho un túnel dentro de una casa, todo muy escondido de la policía que vigilaba cada movimiento de los ciudadanos de ese país.  Recuerdo que me dio una mezcla de tristeza y miedo.  Y no entendía por qué pasaba.

Y le pregunté a mamá…
Es que la gente de ese ciudad que se llama Berlín no puede ir a donde quiere.
No entiendo
El gobierno de ese país no los deja salir
¿Cómo que no pueden salir? ¿Y cómo van a hacer para que no salgan? Eso no se puede…
Bueno, construyeron una pared muy alta alrededor de la ciudad para que no se escapen. Se llama ‘el muro de Berlín’


Todavía recuerdo como si fuera hoy la sensación, como un dolor de estómago y ganas de llorar.

A medida que miraba la película mas triste me ponía.  La tensión de ver a la gente que casi descubrían tratando de escapar… los chicos que tenían que hacer silencio y ayudar de alguna manera como si fueran adultos.

¿Pero qué pasa si se suben al muro, si tratan de escapar?
Bueno… algunas personas murieron tratando…

No lo podía creer. Pensé que un lugar así no podía existir. 

Así con creo que menos de 10 años, empecé a sufrir mucho.  Y no estaba acostumbrada.  Vivíamos como en una burbuja, en Olivos, al norte de Buenos Aires, en un barrio que todavía tenía algunos terrenos libres… andábamos en bicicleta en la calle con nuestros amiguitos, teníamos la puerta de casa abierta para que nuestro perro Petete saliera libremente…

Creo que inconscientemente sentía lo que hubiera sentido si hubiese estado en ese lugar, tras el muro de Berlín sin poder salir.  Sin poder ver el mundo que mi almita seguramente ya sabía que quería descubrir.

No, no puede ser, pensé.  Está mal.  Y si está mal, ¡para mí no existe!

En ese momento decidí que no quería escuchar hablar del muro de Berlín, de gente prisionera, de un país que tuviera a su gente como esclava que no pudiera decidir sobre su vida.  Además era también como que nadie podía ayudar.  Era así, y listo.

No sé si le dije a mamá lo que pensaba, seguramente que no.  Como casi todo lo que imaginaba, soñaba y de alguna manera aún tan chiquita ya estaba planeando para mi futuro.  

Ya estaba en mi cabeza como escrito a fuego: ese lugar no existía. No podía existir.

Así pasaron los años y ese muro cayó.
 
Aunque ese día lo recuerdo muy vagamente.  No quise casi mirar lo que pasaba por televisión.  Era una sensación rara.  Porque sabía que tenía que ponerme feliz.  Pero no podía porque lo había bloqueado para no sufrir.

Gabrielita había decidido que ese muro no existía… así que tampoco podía caer.

Y por las vueltas de la vida… ahora vivo en ese lugar tan lejano que no existía.   Y entre el tiempo que cayó el muro y que me mudé a Berlín me olvidé de ese bloqueo que me había autoimpuesto.

Recién cuando llegué a Berlín para vivir empecé a recordar… y a sentir esa profunda tristeza al descubrir esos lugares de la película… al ver fotos, videos, escuchar historias, recorrer partes del muro…

Entonces le agradezco a esa Gabrielita y a mi familia que me dejaron vivir inocentemente un poco más, sin conocer la maldad del poder.  Pensando solamente en cosas de chicos, de chicos libres.

Creo que a esa edad ya encontré la pregunta con que evalúo cualquier lugar:

¿La gente es libre?

Y no empiecen a tratar de explicarme que hay algunas libertades, pero que bueno…

LIBERTAD hay una sola.

Así que si la respuesta es negativa, vanas serán las explicaciones.  

Argentina tuvo, tiene y tendrá muchos problemas. 

Pero agradezco todos los días el haber nacido en Argentina.

Nací y crecí libre.  Pude decidir sobre todos los aspectos de mi vida.

Desde que estudiar, en que trabajar, como vestirme, que comer, con quien hablar, con quien no hablar, que leer, que no leer, a donde ir, a donde quedarme, a donde volver.

Qué el límite fuera y sea solo mi imaginación.

Y esa LIBERTAD es la que deseo para toda la humanidad.



Otras anécdotas --> La única bikini de la playa...







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